Más allá de ser un elemento obligatorio por la ley en diversos países y ciudades, el aspecto de mayor importancia en las campanillas de bicicletas es que nos permiten comunicarnos de forma agradable cuando transitamos en nuestra bici.
Su sonido es amigable, tiene gracia. Es un objeto de diseño con el que es posible incluso, transmitir la personalidad de quien pedalea o las características de su bicicleta.
Lamentablemente no muchas bicis cuentan con una estos días. Algunos probablemente crean que usarla resulta un poco perno, ñoño o nerd. Otros creerán que suena despacio como para hacerse notar en el ruido del tráfico e instalan esas horrendas bocinas de aire comprimido o electrónicas en su bici, lo que está más cerca del agresivo lenguaje de los motorizados que de la elegancia de la bici.
Siento que la campanilla es uno de los accesorios más característicos de la movilidad en bici y también uno de los más clásicos. El sólo movimiento de uno de nuestros dedos permite:
- Avisar gentilmente nuestro paso
- Pedir permiso
- Decir “cuidado”
- Dar las gracias
- Saludar
- Piropear
Y todo eso sin reventar los oídos de las personas, al mismo tiempo que contribuimos de buena forma a la música urbana.
Te quiero dejar invitado a colocar una campanilla a tu bicicleta y llenar la ciudad con su gentil y agradable sonido. Declaro también a la campanilla como el ícono del ciclismo utilitario, el del ciudadano que se mueve a diario en bici, porque sabe que será un buen día.
Inspírate con más fotos de campanillas en Flickr
Las fotos que acompañan este post son de (en orden de aparición):






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